Origen, fin, hambre, hombre

No podemos ignorar el hecho de que la vida en la que nos movemos cotidianamente se nos presenta como ordenada o coordenada en términos de espacio/tiempo, nuestra experiencia (individual y colectiva) existe como resumen memorable del pasado vivido en un ámbito particular, y en ella descansa nuestro concepto de cordura: sincronía entre el mundo interior individual y subjetivo; y el mundo exterior intersubjetivo, este último compuesto por la experiencia sedimentada de miles de personas no solo de nuestro tiempo y espacio, si no de tiempos pasados y lugares distintos.

Las preguntas que finalmente se desprenden de todo esto son: ¿Cuál es nuestro origen, nuestro principio? ¿Cuál será nuestro destino o final?. Por supuesto, estas son preguntas que no han encontrado respuesta satisfactora desde que algún ser humano se las planteó por primera vez en la historia de la humanidad misma, y por supuesto que no pretendo resolverlas y lanzar las respuestas al mundo a travez de las entrañás.

Lo único que puedo decir al respecto, es que de todas las respuestas dadas en todo este tiempo, las primeras fueron las más hermosas, las más creativas; estas son: Los Mitos de Origen, que no son relatos históricos, no son recuperación sistemática del pasado; más bien son un relato fantástico que intenta explicar la realidad o mejor dicho, justificarla, organizarla, hacerla soportable; proponiendo un principio y algún final mediante una historia que, por lo regular, involucra a un heroe, un antagonista, algunos dioses y muchos obstáculos por vencer; todos actuando y luchando por la permanencia/final/creación/recreación de la vida aunque esta tenga que volver a terminar y recomenzar en un futuro indeterminado.

Así, el mito que explica el renacimiento del universo nahuatl, tiene como protagonista a Xolotl, el hermano opuesto a/de Quetzalcoatl. No transcribiré el mito, sólo quiero resaltar el hecho de que Xolotl es el penitente, quien deciende a los infiernos, quien cae y rompe los huesos de los hombres, quien los recoge, quien los lleva a los dioses, quien teme a la muerte y por no morir se transforma en ajolote y huye, siempre se está moviendo, es el dios del movimiento, quien permite que la vida siga.

Es por esto que me gusta su figura, puedo decir que un día Xolotl vino a mi, me encontró y se alimentó de mi, yo lo permití y lo que hago, antes que me digiera, es buscar en sus entrañas los trozos de mi vida, los que vi, los que nunca noté y los que no serán… quién sabe cuanto tiempo pase así, pero sobre todo, quién sabe qué mas voy a encontrar aquí en las Entrañas de Xolotl.

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